Me comprometo a Ser Mujer

Mujeres: La “diosa” que sostiene el principio femenino que habitamos nos recuerda a cada instante reconocernos en el espejo de la luna, sus ciclos vitales, que gobierna las mareas de nuestro cuerpo y de nuestra psiquis.

Este flujo constante es el modo de peregrinaje que asume el femenino encarnado.

Aceptar en un cálido abrazo nuestra naturaleza lunar es un acto de conciencia y es, sin lugar a dudas, muestra brújula y protección durante el camino.

Cuando no acompañamos este movimiento permanente y nos detenemos en una resistencia temerosa restringiendo el fluir natural de la energía de nuestro ser, necesariamente tenemos que usar combustible para contrarrestar esta corriente de vida.

La desvitalisación, el agobio, la opacidad, el resecamiento de las ilusiones, la desesperanza, la tristeza... son los intrusos que invaden y socavan nuestra psiquis salvaje creadora y vivificante.

Honrando la energía femenina

domenica 9 dicembre 2012

El valor de la intuición



La mujer que conoce a la Diosa de la Luna es consciente de sus propias fases lunares. Sabe de los ritmos cíclicos en su cuerpo e intuitivamente se mueve con su propia marea y fluye con los humores cambiantes de su energía. El flujo menstrual. eco de los flujos de la Luna, constituye la confirmación de su fructificación: las habilidades creativas que son físicas tanto como psicológicas. Ella reconoce su propia naturaleza lunar. Hay momentos en que se sabe iluminada y brillante, épocas en que favorece un nuevo crecimiento. En la fase oscura, reconoce su negrura, sus presentimientos, su lado de bruja, y es capaz de descargar esta energía tan poderosa de un modo no destructivo. Entiende sus necesidades de extroversión, de tiempos de brillo externo, así como las épocas para la reclusión y la introspección. Ambas son posiciones confortables cuando está en armonía con sus propios y únicos ritmos.

La prostituta sagrada. Nancy Qualls-Corbett

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