He decidido crear un espacio para que toda mujer se aventure y descienda hacia el encuentro y despertar de una nueva conciencia femenina.
Me comprometo a Ser Mujer
Mujeres: La “diosa” que sostiene el principio femenino que habitamos nos recuerda a cada instante reconocernos en el espejo de la luna, sus ciclos vitales, que gobierna las mareas de nuestro cuerpo y de nuestra psiquis.
Este flujo constante es el modo de peregrinaje que asume el femenino encarnado.
Cuando no acompañamos este movimiento permanente y nos detenemos en una resistencia temerosa restringiendo el fluir natural de la energía de nuestro ser, necesariamente tenemos que usar combustible para contrarrestar esta corriente de vida.
La desvitalisación, el agobio, la opacidad, el resecamiento de las ilusiones, la desesperanza, la tristeza... son los intrusos que invaden y socavan nuestra psiquis salvaje creadora y vivificante.
Este flujo constante es el modo de peregrinaje que asume el femenino encarnado.
Aceptar en un cálido abrazo nuestra naturaleza lunar es un acto de conciencia y es, sin lugar a dudas, muestra brújula y protección durante el camino.
Cuando no acompañamos este movimiento permanente y nos detenemos en una resistencia temerosa restringiendo el fluir natural de la energía de nuestro ser, necesariamente tenemos que usar combustible para contrarrestar esta corriente de vida.
La desvitalisación, el agobio, la opacidad, el resecamiento de las ilusiones, la desesperanza, la tristeza... son los intrusos que invaden y socavan nuestra psiquis salvaje creadora y vivificante.
Honrando la energía femenina
lunedì 22 settembre 2014
giovedì 18 settembre 2014
Marion Woodman
¿Por qué sentimos tanto temor ante el cambio? ¿Por qué, cuando estamos tan ansiosos por cambiar, nos desesperamos aún más cuando empieza a producirse una transformación? ¿Por qué perdemos nuestra fe infantil en el crecimiento? ¿Por qué nos aferramos a nuestros antiguos lazos en lugar de abrirnos a nuevas posibilidades, al mundo desconocido de nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestra alma?
Plantamos grandes bulbos de amarilis. Los regamos, dejamos que les dé la luz del sol, vemos como aparece el primer brote verde, el tallo que se apresura a crecer, las yemas, y luego admiramos las hermosas flores acampanadas que ofrecen un aleluya a la nieve del jardín.
¿Por qué tenemos que tener más fe en un bulbo de amarilis que en nosotros mismos? ¿Será porque sabemos que la amarilis va creciendo guiada por una ley interior, una ley con la que ya hemos perdido contacto?
Si nos damos tiempo para escuchar a la amarilis, podemos vibrar con su silencio. Podemos sentir su eterna quietud. Podemos llegar al fondo del misterio. Y en ese lugar, el lugar de la Diosa, podemos aceptar el nacimiento y la muerte. La bellísima flor va a morir algún día, pero si permitimos que el bulbo repose y lo dejamos en la oscuridad, el próximo año surgirá otra flor.
mercoledì 17 settembre 2014
Chiristine Downing
Alimentarse sólo con imágenes masculinas de lo divino es estar mal nutrido.
Tenemos hambre de imágenes que reconozcan la sacralidad de lo Femenino y la complejidad, riqueza y poder nutritivo de la energía femenina...
Buscamos imágenes que afirmen que el amor que las mujeres recibimos de las mujeres, de la madre, hermana, hija, amante, amiga, es tan profundo y tan digno de confianza, necesario y sustentador como lo es el amor simbolizado por el padre, hermano, hijo o marido.
Eileen Caddy
"Nunca jamás cierres tu corazón y tu mente. Ni temas lo nuevo, lo extraño, lo no convencional. Mantente lista y preparada para la intuición, para la inspiración, pues a lo mejor te revela algo tan completamente nuevo para ti que quizá ni siquiera tenga forma o sustancia, y tal vez necesites revestirlo con palabras.
El orgullo intelectual puede ser un obstáculo en este camino espiritual y una auténtica piedra de tropiezo para la verdad. No es intelecto lo que necesitas; es inspiración e intuición.
El intelecto procede del exterior, mientras que la inspiración y la intuición proceden del interior y no pueden ser influidas por nada exterior.
El intelecto procede del exterior, mientras que la inspiración y la intuición proceden del interior y no pueden ser influidas por nada exterior.
Permite que tu aprendizaje proceda del interior; extráelo de todo lo que tienes en el interior.
Te asombrarás de todo lo que contienes.
Es ilimitado porque procede de Mí y YO SOY sin límites, y todo lo que es Mío es ilimitado y eterno.
Te asombrarás de todo lo que contienes.
Es ilimitado porque procede de Mí y YO SOY sin límites, y todo lo que es Mío es ilimitado y eterno.
lunedì 1 settembre 2014
La mujer esqueleto.- Clarissa P. Estés
Había hecho algo que su padre no aprobaba, aunque ya nadie recordaba lo que era. Pero su padre la había arrastrado al acantilado y la había arrojado al mar. Allí los peces se comieron su carne y le arrancaron los ojos. Mientras yacía bajo la superficie del mar, su esqueleto daba vueltas y más vueltas en medio de las corrientes.
Un día vino un pescador a pescar, bueno, en realidad, antes venían muchos pescadores a esta bahía. Pero aquel pescador se había alejado mucho del lugar donde vivía y no sabía que los pescadores de la zona procuraban no acercarse por allí, pues decían que en la cala había fantasmas.
El anzuelo delo pescador se hundió en el agua y quedó prendido nada menos que en los huesos de la caja torácica de la Mujer Esqueleto. El pescador pensó:" He pescado uno muy gordo"! Uno de los más gordos!. Ya estaba calculando mentalmente cuántas personas
podrían alimentarse con aquel pez tan grande, cuánto tiempo les duraría y cuánto tiempo él se podría ver libre de la ardua tarea de cazar. Mientras luchaba denodadamente con el enorme peso que colgaba del anzuelo, el mar se convirtió en una agitada espuma que hacía balancear y estremecer el kayak, pues la que se encontraba debajo estaba tratando de desengancharse. Pero, cuánto más se esforzaba, más se enredaba con el sedal. A pesar de su resistencia, fue inexorablemente arrastrada hacia arriba, remolcada por los huesos de sus propias costillas.
El cazador, que se había vuelto de espaldas para recoger la red, no vio como su calva cabeza surgía de entre las olas, no vio las minúsculas criaturas de coral brillando en las órbitas de su cráneo ni los crustáceos adheridos a sus viejos dientes de marfil. Cuando el pescador se volvió de nuevo con la red, todo el cuerpo de la mujer había aflorado a la superficie y estaba colgando del extremo del kayak, prendido por uno de sus largos dientes frontales.
"Ay!", gritó el hombre mientras el corazón le caía hasta las rodillas, sus ojos se hundían aterrorizados en la parte posterior de la cabeza y las orejas se le encendían de rojo. "Ay!", volvió a gritar, golpeándola con el remo para desengancharla de la proa y remando como un desesperado rumbo a la orilla. Como no se daba cuenta de que la mujer estaba enredada en el sedal, se pegó un susto tremendo al verla de nuevo, pues parecía que ésta se hubiera puesto de puntillas sobre el agua y lo estuviera persiguiendo. Por mucho que zigzaguerara con el kayak,ella no se apartaba de su espalda, su aliento se propagaba sobre la superficie del agua en nubes de vapor y sus brazos se agitaban como si quisieran agarrarlo y hundirlo en las profundidades.
"Aaaayyy!", gritó el hombre con voz quejumbrosa mientras se acercaba a la orilla. Saltó del kayak con la caña de pescar y echó a correr, pero el cadáver de la Mujer Esqueleto, tan blanco como el coral,lo siguió brincando a su espalda, todavía prendido en el sedal.El hombre corrió sobre las rocas y ella lo siguió. Corrió sobre la tundra helada y ella lo siguió. Corrió sobre la carne puesta a secar y la hizo pedazos con sus botas de piel de foca.
La mujer lo seguía por todas partes e incluso había agarrado un poco de pescado helado mientras él la arrastraba en pos de sí. Y ahora estaba empezando a comérselo, pues llevaba muchísimo tiempo sin llevarse nada a la boca. Al final, el hombre llegó a su casa de hielo, se introdujo en el túnel y avanzó a gatas hacia el interior. Sollozando y jadeando permaneció tendido en la oscuridad mientras el corazón le latía en el pecho como un gigantesco tambor. Por fin estaba a salvo, sí, a salvo gracias a los dioses, gracias al Cuervo, sí, y a la misericordiosa Sedna, estaba ... a salvo
... por fin.
Pero , cuando encendió su lámpara de aceite de ballena, la vio allí acurrucada en un rincón sobre el suelo de nieve de su casa, con un talón sobre el hombro, una rodilla en el interior de la caja torácica y un pie sobre el codo. Más tarde el hombre no pudo explicar lo que ocurrió, quizás la luz de la lámpara suavizó las facciones de la
mujer o, a lo mejor, fue porque él era un hombre solitario.El caso es que se sintió
invadido por una cierta compasión y lentamente alargó sus mugrientas manos y, hablando con dulzura como hubiera podido hablarle una madre a su hijo, empezó a desengancharla del sedal en el que estaba enredada.
"Bueno, bueno." Primero le desenredó los dedos de los pies y después los tobillos. Siguiò trabajando hasta bien entrada la noche hasta que, al final, cubriò a la Mujer Esqueleto con unas pieles para que entrara en calor y le colocó los huesos en orden tal como hubieran tenido que estar los de un ser humano.
Buscó su pedernal en el dobladillo de sus pantalones de cuero y utilizó unos cuantos cabellos suyos para encender un poco más de fuego. De vez en cuando la miraba mientras untaba con aceite la valiosa madera de su caña de pescar y enrollaba el sedal de tripa. Y ella, envuelta en las pieles, no se atrevía a decir ni una sola palabra, pues temía que aquel cazador la sacara de allí, la arrojara a las rocas de abajo y le rompiera todos los huesos en pedazos.
El hombre sintió que le entraba sueño, se deslizó bajo las pieles de dormir y enseguida empezó a soñar. A veces, cuando los seres humanos duermen, se les escapa una lágrima de los ojos. No sabemos qué clase de sueño lo provoca, pero sabemos que tiene que ser un sueño triste o nostálgico. Y eso fue lo que le ocurrió al hombre.
La Mujer Esqueleto vio el brillo de la lágrima bajo el resplandor del fuego y, de repente, le entró mucha sed. Se acercó a rastras al hombre dormido entre un crujir de huesos y acercó la boca a la lágrima. La solitaria lágrima fue como un río y ella bebió, bebió y bebió hasta que consiguió saciar su sed de muchos años.
Después, mientras permanecía tendida al lado del homnbre, introdujo la mano en el interior del hombre y le sacó el corazón, el que palpitaba tan fuerte como un tambor. Se incorporó y empezó a golpearlo por ambos lados: Pom, Pom,! ... Pom, Pom!
Mientras lo golpeaba, se puso a cantar "Carne, carne, carne! Carne, carne, carne!" Y, cuanto más cantaba, tanto más se le llenaba el cuerpo de carne. Pidió cantando que le saliera el cabello y unos buenos ojos y unas rollizas manos. Pidió cantando la hendidura de la entrepierna, y unos pechos lo bastante largos como para envolver y dar calor y todas las cosas que necesita una mujer.
Y, cuando terminó, pidió cantando que desapareciera la ropa del hombre dormido y se deslizó a su lado en la cama, piel contra piel. Devolvió el gran tambor, el corazón, a su cuerpo y así fue como ambos se despertaron, abrazados el uno al otro, enredados el uno en el otro después de pasar la noche juntos, pero ahora de otra manera, de una manera buena y perdurable.
Un día vino un pescador a pescar, bueno, en realidad, antes venían muchos pescadores a esta bahía. Pero aquel pescador se había alejado mucho del lugar donde vivía y no sabía que los pescadores de la zona procuraban no acercarse por allí, pues decían que en la cala había fantasmas.
El anzuelo delo pescador se hundió en el agua y quedó prendido nada menos que en los huesos de la caja torácica de la Mujer Esqueleto. El pescador pensó:" He pescado uno muy gordo"! Uno de los más gordos!. Ya estaba calculando mentalmente cuántas personas
podrían alimentarse con aquel pez tan grande, cuánto tiempo les duraría y cuánto tiempo él se podría ver libre de la ardua tarea de cazar. Mientras luchaba denodadamente con el enorme peso que colgaba del anzuelo, el mar se convirtió en una agitada espuma que hacía balancear y estremecer el kayak, pues la que se encontraba debajo estaba tratando de desengancharse. Pero, cuánto más se esforzaba, más se enredaba con el sedal. A pesar de su resistencia, fue inexorablemente arrastrada hacia arriba, remolcada por los huesos de sus propias costillas.
El cazador, que se había vuelto de espaldas para recoger la red, no vio como su calva cabeza surgía de entre las olas, no vio las minúsculas criaturas de coral brillando en las órbitas de su cráneo ni los crustáceos adheridos a sus viejos dientes de marfil. Cuando el pescador se volvió de nuevo con la red, todo el cuerpo de la mujer había aflorado a la superficie y estaba colgando del extremo del kayak, prendido por uno de sus largos dientes frontales.
"Ay!", gritó el hombre mientras el corazón le caía hasta las rodillas, sus ojos se hundían aterrorizados en la parte posterior de la cabeza y las orejas se le encendían de rojo. "Ay!", volvió a gritar, golpeándola con el remo para desengancharla de la proa y remando como un desesperado rumbo a la orilla. Como no se daba cuenta de que la mujer estaba enredada en el sedal, se pegó un susto tremendo al verla de nuevo, pues parecía que ésta se hubiera puesto de puntillas sobre el agua y lo estuviera persiguiendo. Por mucho que zigzaguerara con el kayak,ella no se apartaba de su espalda, su aliento se propagaba sobre la superficie del agua en nubes de vapor y sus brazos se agitaban como si quisieran agarrarlo y hundirlo en las profundidades.
"Aaaayyy!", gritó el hombre con voz quejumbrosa mientras se acercaba a la orilla. Saltó del kayak con la caña de pescar y echó a correr, pero el cadáver de la Mujer Esqueleto, tan blanco como el coral,lo siguió brincando a su espalda, todavía prendido en el sedal.El hombre corrió sobre las rocas y ella lo siguió. Corrió sobre la tundra helada y ella lo siguió. Corrió sobre la carne puesta a secar y la hizo pedazos con sus botas de piel de foca.
La mujer lo seguía por todas partes e incluso había agarrado un poco de pescado helado mientras él la arrastraba en pos de sí. Y ahora estaba empezando a comérselo, pues llevaba muchísimo tiempo sin llevarse nada a la boca. Al final, el hombre llegó a su casa de hielo, se introdujo en el túnel y avanzó a gatas hacia el interior. Sollozando y jadeando permaneció tendido en la oscuridad mientras el corazón le latía en el pecho como un gigantesco tambor. Por fin estaba a salvo, sí, a salvo gracias a los dioses, gracias al Cuervo, sí, y a la misericordiosa Sedna, estaba ... a salvo
... por fin.
Pero , cuando encendió su lámpara de aceite de ballena, la vio allí acurrucada en un rincón sobre el suelo de nieve de su casa, con un talón sobre el hombro, una rodilla en el interior de la caja torácica y un pie sobre el codo. Más tarde el hombre no pudo explicar lo que ocurrió, quizás la luz de la lámpara suavizó las facciones de la
mujer o, a lo mejor, fue porque él era un hombre solitario.El caso es que se sintió
invadido por una cierta compasión y lentamente alargó sus mugrientas manos y, hablando con dulzura como hubiera podido hablarle una madre a su hijo, empezó a desengancharla del sedal en el que estaba enredada.
"Bueno, bueno." Primero le desenredó los dedos de los pies y después los tobillos. Siguiò trabajando hasta bien entrada la noche hasta que, al final, cubriò a la Mujer Esqueleto con unas pieles para que entrara en calor y le colocó los huesos en orden tal como hubieran tenido que estar los de un ser humano.
Buscó su pedernal en el dobladillo de sus pantalones de cuero y utilizó unos cuantos cabellos suyos para encender un poco más de fuego. De vez en cuando la miraba mientras untaba con aceite la valiosa madera de su caña de pescar y enrollaba el sedal de tripa. Y ella, envuelta en las pieles, no se atrevía a decir ni una sola palabra, pues temía que aquel cazador la sacara de allí, la arrojara a las rocas de abajo y le rompiera todos los huesos en pedazos.
El hombre sintió que le entraba sueño, se deslizó bajo las pieles de dormir y enseguida empezó a soñar. A veces, cuando los seres humanos duermen, se les escapa una lágrima de los ojos. No sabemos qué clase de sueño lo provoca, pero sabemos que tiene que ser un sueño triste o nostálgico. Y eso fue lo que le ocurrió al hombre.
La Mujer Esqueleto vio el brillo de la lágrima bajo el resplandor del fuego y, de repente, le entró mucha sed. Se acercó a rastras al hombre dormido entre un crujir de huesos y acercó la boca a la lágrima. La solitaria lágrima fue como un río y ella bebió, bebió y bebió hasta que consiguió saciar su sed de muchos años.
Después, mientras permanecía tendida al lado del homnbre, introdujo la mano en el interior del hombre y le sacó el corazón, el que palpitaba tan fuerte como un tambor. Se incorporó y empezó a golpearlo por ambos lados: Pom, Pom,! ... Pom, Pom!
Mientras lo golpeaba, se puso a cantar "Carne, carne, carne! Carne, carne, carne!" Y, cuanto más cantaba, tanto más se le llenaba el cuerpo de carne. Pidió cantando que le saliera el cabello y unos buenos ojos y unas rollizas manos. Pidió cantando la hendidura de la entrepierna, y unos pechos lo bastante largos como para envolver y dar calor y todas las cosas que necesita una mujer.
Y, cuando terminó, pidió cantando que desapareciera la ropa del hombre dormido y se deslizó a su lado en la cama, piel contra piel. Devolvió el gran tambor, el corazón, a su cuerpo y así fue como ambos se despertaron, abrazados el uno al otro, enredados el uno en el otro después de pasar la noche juntos, pero ahora de otra manera, de una manera buena y perdurable.
mercoledì 20 agosto 2014
Joana Ukali
la de aquellos que te han precedido.
El camino está abierto, para ti, por ser la persona
que tus dones te llevan a ser.
Sientes, finalmente de ser.
Bien, mi querida,
estás en el inicio de un nuevo período en la vida.
Sacúdete y sabe que esto es cierto.
La mujer de tus experiencias pasadas
está preparada a ponerse a un costado por esta mujer emergente
que en este momento deseas ser.
Los susurros de tu corazón, son verdaderos, mi querida.
Escúchalos atentamente porque son tu guía.
La oruga está lista a emerger en su nueva forma.
Y tú también.
Vuela mariposa, vuela.
Clarissa Pinkola Estés
SUEÑOS: A PESAR DE TODO, NOS LEVANTAREMOS
Cuando los sueños atrevidos dejaran de realizarse,
también las acciones audaces en la Tierra dejarían de existir.
Los sueños audaces son el combustible necesario
para el motor del Hacer.
Los sueños audaces son el fusible de oro
para la fuerza vital del Ser.
Lo que no se puede soñar
no se puede hacer.
Levántate!
No te impidas soñar,
sembrá por todas partes
los sueños mas hermosos,
los sueños más audaces
que se escapan del Alma con un rugido.
Del libro: Forte è la Donna.
lunedì 14 luglio 2014
Esther Harding
´Quién no se ha sentido alguna vez profundamente afectado por la vista de la luna llena elevándose sobre el mar? - afectado, esto es de un modo que no puede ser explicado simplemente por líneas estéticas. Aunque incluso si su emoción fuese debida simplemente a una combinación estética de luz y sombra el argumento aún permanecería.
Porque hay algo más en tal experiencia que el mero hecho objetivo material, hay también una experiencia subjetiva que en la vida de un hombre es quizás más importante y más poderosa que el conocimiento científico de la naturaleza de la luz de la luna.
Porque el ser humano sensible, con miles de años de evolución detrás suyo, puede ser afectado por la escena de modo que débiles recuerdos de noches antiguas despierten en él, capacitándolo, quizás, para actuar con una emoción que trascienda su pequeño mundo cotidiano.
El resultado puede ser un poema que no hubiese concebido a la luz del día, o a veces, dándole valor para entregarse a un medio-gestado amor cuya aceptación puede cambiar todo el curso de su vida.
Este aspecto interior o subjetivo de la experiencia no es ninguna tontería ni solamente superstición.
La ciencia material, es cierto, lo ha despreciado, pero sigue siendo un poderoso factor en la vida humana.
Realmente, el elemento descartado contiene este factor subjetivo o psíquico que constituye el espíritu.
El científico del siglo diecinueve, escéptico o agnóstico, negaba la existencia del espíritu.
No deja de ser sorprendente constatar cómo eliminaba como ajenas todas las evidencias de su presencia.
Pero los hombres en un estado de cultura más ingenuo no hacían tal distinción entre "hecho" objetivo y "superstición" subjetiva.
Percibían el factor subjetivo o psíquico como si fuese una parte del objeto. No realizaban que estos hechos añadidos formaban parte del observador, realmente no había diferencia entre objetivo y subjetivo.
Las cualidades que el objeto posee per se, y aquellas que se suponen existir en relación de su efecto en el observador, no se diferenciaban. El elemento subjetivo era proyectado dentro del objeto.
Porque hay algo más en tal experiencia que el mero hecho objetivo material, hay también una experiencia subjetiva que en la vida de un hombre es quizás más importante y más poderosa que el conocimiento científico de la naturaleza de la luz de la luna.
Porque el ser humano sensible, con miles de años de evolución detrás suyo, puede ser afectado por la escena de modo que débiles recuerdos de noches antiguas despierten en él, capacitándolo, quizás, para actuar con una emoción que trascienda su pequeño mundo cotidiano.
El resultado puede ser un poema que no hubiese concebido a la luz del día, o a veces, dándole valor para entregarse a un medio-gestado amor cuya aceptación puede cambiar todo el curso de su vida.
Este aspecto interior o subjetivo de la experiencia no es ninguna tontería ni solamente superstición.
La ciencia material, es cierto, lo ha despreciado, pero sigue siendo un poderoso factor en la vida humana.
Realmente, el elemento descartado contiene este factor subjetivo o psíquico que constituye el espíritu.
El científico del siglo diecinueve, escéptico o agnóstico, negaba la existencia del espíritu.
No deja de ser sorprendente constatar cómo eliminaba como ajenas todas las evidencias de su presencia.
Pero los hombres en un estado de cultura más ingenuo no hacían tal distinción entre "hecho" objetivo y "superstición" subjetiva.
Percibían el factor subjetivo o psíquico como si fuese una parte del objeto. No realizaban que estos hechos añadidos formaban parte del observador, realmente no había diferencia entre objetivo y subjetivo.
Las cualidades que el objeto posee per se, y aquellas que se suponen existir en relación de su efecto en el observador, no se diferenciaban. El elemento subjetivo era proyectado dentro del objeto.
lunedì 7 luglio 2014
Madre Serpiente
domenica 15 giugno 2014
martedì 10 giugno 2014
Seminario " La recuperación de la intuición como iniciación" . Inicio Sàbado 14 de junio
Con mi regreso a la
Argentina se reinician los seminarios que configuran el espacio "Me Comprometo a Ser
Mujer"... nuevos aportes traídos desde Italia y como siempre una re -unión
donde el alma "está muy bien cuidada".
El sentido
profundo de estos encuentros, que nos reúne en torno a un relato activador del
mundo arquetípico, es la Comprensión y el Compromiso de toda mujer en su tarea
de despertar y manifestar su sagrada femineidad.
Descuidar y
desconocer nuestra propia integridad es un riesgo, pues las trampas del mundo
con sus ilusiones acompañantes, son los desvíos que endurecen el camino para
que la Conciencia ilumine su verdadera esencia.
En esta Era
del Despertar de la Conciencia las mujeres estamos llamadas a asumir el
rescate, en las sombras del tiempo, de la Gran Sacerdotisa quien reúne en Sí la
totalidad de los atributos de la Diosa, imagen de la comprensión del proceso de
la vida sobre este planeta.
Toca a la
mujer hacer el aporte para re -equilibrar y generar un nuevo orden urgentemente
necesario para el desarrollo de una Nueva Humanidad.
giovedì 24 aprile 2014

“Una mujer que toma conciencia de su ciclo y de las energías inherentes a él, también aprende a percibir un nivel de vida que va más allá de lo visible; mantiene un vínculo intuitivo con las energías de la vida, el nacimiento y la muerte, y siente la divinidad dentro de la tierra y de sí misma.
A partir de este reconocimiento la mujer se relaciona no sólo con lo visible y terrenal sino con los aspectos invisibles y espirituales de su existencia.
Fue a través de este estado alterado de conciencia que tenía lugar todos los meses que las chamanas/curanderas y más adelante las sacerdotisas, aportaron al mundo y a su propia comunidad su energía, claridad y conexión con lo divino. “
Miranda Gray
Arte Juliaro
Miranda Gray
Arte Juliaro
domenica 13 aprile 2014
mercoledì 5 marzo 2014
Marianne Williamson

Hoy la razón por la cual no hemos hallado nuestro Grial, la llave a quienes somos como mujeres, se debe a que lo buscamos en mundos de falso poder. Los mismísimos mundos que nos lo quitaron en primer lugar. Ni los hombres ni el trabajo podrán restaurar el tesoro perdido. Nada de este mundo puede llevarnos a casa. Solo el radar de nuestros propios corazones lo puede lograr, y cuando lo haga ”nos encenderemos como lámparas, y el mundo nunca será el mismo”.
Mujer Arbol.
Iscriviti a:
Post (Atom)




.jpg)


.jpg)